| Cada día a las ocho de la mañana |
| Se levanta para comprarle flores |
| Nunca le hablaría, nunca le diría que |
| Era él quien se las dejaba |
| En el buzón, a pesar de los vecinos |
| En un rincón ella se quedó esperando |
| Por si algún día volvía aquel chico |
| Que la cautivó |
| Por si algún día regresaba |
| Y se le llevaba el corazón |
| Cuántas veces habrás llorado. |
| Cuántas veces habrás vivido. |
| De los restos de un castillo |
| Que nunca se construyó! |
| Cuántas noches soñarás. |
| Cuántos días de pensar. |
| En la magia de unos besos |
| Que nunca te van a dar! |
| La lluvia a veces le molestaba |
| Pero la gente le sonreía |
| Con aires de complicidad |
| De que tuviera aquella manía |
| Las flores se le mojaban |
| Pero más lo valoraría |
| Aunque ella sólo esperaba en un rincón |
| Cuántas veces habrás llorado. |
| Cuántas veces habrás vivido. |
| De los restos de un castillo |
| Que nunca se construyó! |
| Cuántas noches soñarás. |
| Cuántos días de pensar. |
| En la magia de unos besos |
| Que nunca te van a dar! |
| Ella era una adicta al cine y esperaba |
| Con emoción que él un día |
| Se le acercara y |
| Le declarara su amor. |
| Nadie le había dicho |
| Que las cosas no eran así |
| Que si nada buscas, nada viene. |
| Todo depende de ti! |
| Pero lo ignoró |